Llega el momento de crear una nueva entrada y me encuentro con las yemas de dedos sobre el teclado, viajando en el tiempo hacia atrás. Mis pensamientos reposan por momentos en pequeñas anécdotas que hoy no tienen la más mínima relevancia, pero cuando tienes diez años son acontecimientos desmesurados en tamaño y formas, o al menos así lo veía y sentía...
Era época de verano en una zona residencial que descansa al lado del mar, salpicada por una playa muy visitada por la belleza que pone al alcanze de quienes quieran y puedan disfrutarla.
La playa se encontraba muy cerca de donde vivíamos, y mi mama por las tardes siempre que podía me llevaba para que me bañara y merendara de seguido al abrigo del sol, todo lo más normal del mundo...
Pero una de las tardes reulto ser menos divertida que las demás... Llegando a traumatizarme los próximos baños, siendo más por obligación que por devoción, hasta hacerme mayor y ver las cosas bajo otro prisma más amplio...
Como las cosas siempre suceden por algo...
Aquel día mi madre me había puesto de postre uvas para acompañar la merienda, olvidando lavarlas, y lo más normal ante el olvido era acercarse a la fuente más cercana, que no tenia este jardín por aquel entonces, y dejar que el agua cayese sobre ellas, para no tomarlas sin lavar...
La fuente era y sigue siendo de “uso propio y exclusivo del viento” en cuanto mi madre se acerco y puso el racimo bajo el agua, se comenzaron a oír pitidos de tarjeta roja como si fuera un árbitro quien los ejecutaran...
E inmediatamente se acerca un guardia a llamarle la atención y ponerle una multa, sin que mediara un entendimiento de lógica, posible de querer ser escuchado...
Casi al frente hay una cafetería que tiene una terraza a todo lo largo de la cristalera, y como a esas horas estaba muy frecuentada, no se les ocurrio cosa mejor que ponerse en pie para saber el delito que se estaba cometiendo al oír tamaño escándalo.
No soy recordada en pasar tanta vergüenza como aquel día... Pero el tiempo todo lo cura, pero no olvida...
Hace pocos días que por allí pasé y tuve el capricho de hacerle esta foto, dejando que se me escapara una leve sonrisa, ya que las cosas solo tienen la importancia que se les da en el preciso momento...
Aunque hay comportamientos un tanto inexplicables aceptándolos por validos sin serlo...
Feliz comienzo de semana y vuelta a la rutina amig@s!!
La gata coqueta




















