
Voy a intentar proyectarme hacía atrás en el tiempo...
Atrayendo a la memoria algún párrafo de la vida de Musí. Párrafos que se quedaron celosamente archivados donde las lágrimas pudieron desahogar su pena. Los episodios están un poco borrosos por el paso del tiempo, pero aun así, por su cariño y dulce compañía, son todavía un perfecto referente que se pueden etiquetar, como un desgarro de sentimientos en el lienzo del pasado...
Era de entre los mininos el más hermoso para mis ojos, para mis manos el más suave peludo, y para el corazón el muñeco más amoroso que nunca había tenido.
Para la ingenua inocencia él era el tesoro más preciado que nunca había tenido y a partir del momento en que paso a formar parte de mi vida, nunca podría pasar sin tener uno a mi lado...
Cuando me ponía enferma de un simple costipado, después de visitar al doctor, a continuación recibía un modesto regalo y así es como entró en mi vida Musí.
Nacer en un paraje deshabitado y desahuciado de la compañía de seres humanos a parte de la de los propios padres, condiciona la vida de todo ser vivo y aun más la de un niño, motivo evidente y más que justificado para que ellos los padres, tomaran la sabia determinación de irse a otra parte, donde los proyectos se alimentaban de la creciente corriente del progreso, en la época en curso.
Musí se encontraba obnubilado con el cambio, había demasiados tejados para descubrir y demasiadas palomas comunes, sin olvidarse de las mariposas y libelulas para jugar con ellas, arqueando sus erizados bigotes al viento. Pero Musí ignoraba que las palomas tenían un dueño con el alma tan sombría como la noche. Haciéndole la vida imposible a todo aquel que se sintiera feliz, (lo que él nunca supo serlo) aunque sólo tuvieran dentro de sus bolsillos la luz del día por alimento, siendo ya una bendición del cielo...
Todas las tardes esperaba fielmente a unos metros de la finca el regreso de sus ocupantes. Cola en alto y dulces ronroneos, relamiéndose de paso, para festejar el recibimiento, con olor y sabor a retos de sardinas...
Una de las tardes no estaba de espera como de costumbre, siendo causa de una eminente desazón. Se pregunto a los vecinos más próximos y a los más alejados, pero nadie supo dar fe de él.
Musí nunca regreso a casa. Pero por esas casualidades de la vida, con las que se suelen tropezar los niños... Es escuchado al próspero terrateniente, dueño de todo lo que estaba a su alcance, comentar con subida prepotencia, que había liquidado de un tiro, al gato intruso de los nuevos inquilinos, con la satisfacción eufórica de un recobrado trofeo...Marcando el antes y el después de su dominante carácter!!
¿Te imaginas como se debía de sentir aquella niña, que aun, no sabía lo que significaba la incomprensión de seres tan crueles...? Siendo aun más la humillación, por ser un familiar a quien se le debía rendir respeto y una cordialidad ya inexistente.
Son cosas que se suceden y sin ser apreciadas te preparan para asumir cualquier contratiempo en lo sucesivo, generando una coraza invisible, para sobreponerse sin ser derrumbado anímicamente ante cualquier asalto, generando una mayor fortaleza interior.
Hace unos meses, sentí la imperiosa necesidad de recrear la vista por el interior de la casona y aledaños, para revivir parte de la vida de Musí que había dejado teñida de tristeza aquella hacienda durante el resto de los años. Despertando de nuevo en mí la sensación de impotencia propia del niño defraudado.
Y mientras hoy voy escribiendo llevo adherida en el alma la satisfacción, de saber que mis descendientes, tan siquiera conocen a esos sus parientes, bisnietos de aquel oscuro personaje lidiado por la arrogancia, que un desafortunado día rompió el hilo conductor familiar que le unía aquella niña; que lo supo perdonar, pero nunca olvidar...
































