
Una "pieza" igual que esta, ha sido la causante de que hoy escriba sobre ella...
Era un caluroso verano. Han pasado algunas lunas, pero lo recuerdo perfectamente porque fue en un periodo de vacaciones.

El remanso de paz por el que apostamos fue el lago de Sanabria, este bello espacio natural que está situado en el noroeste de la provincia de Zamora. El Parque Natural del Lago de Sanabria ocupa una extensión de 22.365 hectáreas, y dentro de sus límites se encuentra el mayor lago de origen glaciar de la Península Ibérica, unido a una exuberante vegetación hace que esta zona posea increíbles valores estéticos y paisajísticos...

Habíamos alquilado un apartamento en una urbanización que tenía una piscina bastante considerable y ahí pasaba la semana con las niñas hasta el regreso de fin de semana del padre y entonces íbamos hasta el lago.
Estábamos situados en la segunda planta que constaba de seis apartamentos en total, que eran de un matrimonio que ocupaban uno de ellos, justo al lado del que descansábamos nosotros.
Un viernes a la tarde suena el timbre y abro, y era Teresa la vecina y dueña del apartamento que trae en la mano extendida una fuente con una enorme y hermosísima seta.
La saludo e instintivamente recojo la fuente le doy las gracias y cierro la puerta.
Aunque ya tenía la cena dispuesta, con nevera nada se pierde, y me apeteció guisar la seta ya que poseía los condimentos que solía usar, empezando por la base de jamón, y todo lo demás.
Cuando llevamos un rato cenando, me pregunta mi marido... La señora Teresa te ha traído esta seta como regalo, cuéntame como se le ocurrio...
Y en ese momento se me atraganto lo que estaba comiendo, de repente me vino un flash de lo que sin darme cuenta había sucedido.
Teresa había venido a enseñarme el trofeo que su marido Adolfo había encontrado aquella misma tarde, toda orgullosa, pero yo sin pensarlo dos veces se la quite de la mano repentina e inesperadamente sin darle tiempo a reaccionar y se la estaba zampando!!!
Empezó a darme tanta vergüenza de lo que había hecho inconscientemente, que aún en el día de hoy no lo he podido olvidar, con sólo ver la imagen en la red ya he vuelto a recordar aquella famosa experiencia tan bochornosa, guardada en el sobre de un verano con un comportamiento no muy correcto ni adecuado por mi parte.
Que le diría la pobre Teresa a su esposo cuando le preguntase donde estaba la seta, que con tanto cariño la había sacado de paseo por la planta a lucirla y la deje seguro que alucinada sin poder mediar una palabra por lo impulsivo de un simple movimiento.
Y claro al día siguiente pedirle disculpas por un error inconsciente en su totalidad. Me disculpo sin darle la mínima importancia sólo la delataban los ojillos que le sonreían al hablar...
Y para mí fue un acontecimiento vergonzoso que me impidió seguir cenando aquella noche.
Hoy lo cuento como una anécdota del pasado pero sigue vigente en mi sin hacerme ni una pizca de gracia recordarlo...
María del Carmen































